Primeros Tiempos

  

 

 

PRIMEROS TIEMPOS

 

¿Qué organización política tendrá Auroville?...

Se me ocurre una definición divertida: una anarquía divina, pero el mundo no lo entenderá. Es necesario que los hombres tomen conciencia de su ser psíquico y se organicen espontáneamente sin leyes ni normas fijas, esto sería lo ideal. Para ello uno debe estar en contacto con su ser psíquico, debe ser guiado por él y la autoridad e influencia del ego deben desaparecer.

Madre, 28.12.1972

 

Esta contundente respuesta de la fundadora de Auroville sobre el gobierno de la ciudad nos indica el horizonte al que nos dirigimos, dónde todo puede "y debe" ser experimentado desde una nueva trascendencia espiritual. 

Los ejemplos del pasado no resultan adecuados, incluso ejerciéndose desde la buena fe, pues están bajo la influencia del ego, sea éste un ego nacional, de partido o simplemente por protagonismo y prestigio ante la sociedad. No digamos ya lo que hoy día vemos extendido por doquier; ansia de poder, avaricia, corrupción, amiguismo, utilización de las instituciones en beneficio propio, y peor aún, guerra por negocio y fanatismo. 

Desde esta perspectiva los primeros aurovilianos, venidos muchos de ellos del Mayo Francés y del Woodstock Americano, empezaron a construir la ciudad hacia un nuevo futuro. Los primeros tiempos fueron duros y esforzados, pero la presencia física de Madre a tan sólo 10 km. era una garantía de buena dirección, progreso y seguridad. Las tareas se realizaban con amor y dedicación y eran asumidas como parte del yoga personal y colectivo.

En noviembre de 1973, Madre dejó su cuerpo y el Ashram de Pondicherry quedó en manos de los súbditos más notables, todos ellos indios. Un pequeño grupo de ellos decidió asumir la dirección de Auroville. Con buena voluntad pero con una visión limitada querían organizar Auroville como el ashram al que pertenecían, vestidos blancos,  meditaciones colectivas, abstinencia sexual y un largo etcétera. Por su parte los aurovilianos eran mayoritariamente jóvenes occidentales, coloridos y variopintos, que entendían el yoga como trabajo y entrega, y como una nueva manera de vivir "la vida";  no una meditación con los ojos cerrados. Ellos querían construir una ciudad para el futuro de la humanidad; y la abstinencia sexual nunca la llenaría la ciudad de niños... El conflicto se había desatado. 

Los aurovilianos se organizaron en asamblea en los talleres del Matrimandir y tomaron las riendas del primer gobierno de la ciudad. Así surge el Pour Tous Meeting, la “asamblea para todos” de los jueves por la tarde, jugando con las palabras del francés y el inglés.

Por su parte el ashram cerró las aportaciones de dinero y buscó el apoyo de las instituciones indias. El conflicto se alargó durante años llegándose a situaciones de enfrentamiento, de obscuras maniobras de retirada de visado y repatriación de los aurovilianos más beligerantes, de montaje de pruebas falsas para encarcelarlos o incluso algunas palizas de advertencia. 

A finales de los años 70 la situación era insostenible y se llegó a la Corte del Tribunal Supremo en Delhi.  Ahí, surge muy visible la diferencia entre la India y los demás países del mundo: por un lado los abogados del ashram a través de su sociedad financiera, SAS (Sri Aurobindo Society),  mostrando las escrituras de compra de los terrenos de Auroville y reclamándolos como suyos; por otro, los abogados de Auroville con su Carta Magna... “Auroville no pertenece a nadie en particular, Auroville pertenece a la humanidad en su conjunto…”

El fallo del Supremo era inapelable: “Auroville pertenece a la humanidad y a sus representantes allí, los aurovilianos”. Era el año 1982.

 

 

 

 

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